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El
jagdterrier alemán es un perro de gran valía,
apto para numerosas actividades y modalidades cinegéticas. Sus cualidades de
trabajo son excelentes, fruto de una cría planificada con rigor, continuidad,
seriedad, paciencia, sabiduría y acierto por cazadores alemanes de principios del siglo XX, hartos de una selección equivocada que otorgaba demasiada preponderancia a
la apariencia externa, al color y a las exposiciones de belleza, perdiendo de
vista la selección constante para el trabajo. Así nació el jagdterrier a partir
incluso de perros desechados de las exposiciones y de otros terriers
exclusivamente cazadores. La selección continuada con criterios de funcionalidad
hizo el resto; fundando para la tutela de la raza el prestigioso Deutscher
Jagdterrier Club, que cuenta ya con más de 75 años de antigüedad (1926).
El jagdterrier es un destacadísimo cazador de madriguera, pero no por eso deja de ser también un especialista cazador de rastro. En esta utilidad es empleado como perro sabueso para rastrear, levantar y perseguir tanto al jabalí como al ciervo, al corzo, a la liebre, al conejo o a cualquier otra pieza que se ponga por delante, incluso, por ejemplo, osos en Hungría. Es un superior recuperador de caza herida, para mí el mejor de entre todas las razas válidas, y siguiendo un rastro de sangre difícilmente va a dejar perdida en el monte una res herida o muerta lejos del disparo. En Alemania existen ahora numerosos jagdterriers con las siglas de haber superado la prueba de rastro de sangre de 20 horas de antigüedad “SW”; y existen también otros varios que han obtenido la sigla “SW/” conseguida en trabajo con rastro de sangre de 40 horas de antigüedad.
Esta gran afición por la caza de rastro unida a una inteligencia alta y a un potente olfato, hacen de él un excelente rastreador y levantador de piezas de pelo. En el monte se mueven con agilidad y soltura increíbles para quien no los haya visto en acción. Si hay caza cogen pronto las demandas y las siguen con tesón hasta el desencame o levante, dando la voz, a veces chillido alto, fuerte y persistente, a veces ladrido continuado y sonoro que -con un poco de experiencia- revela el estado de la cacería: rastro reciente, levante, desencame del jabalí, plante de la pieza, huida con ella a la vista, huida con distancia de por medio, pérdidas y recuperaciones del rastro, ladra de parado (salvo con algunos perros ahuyentadores, generalmente esto indica gato montés encaramado a un árbol o pieza trepadora), porque el ciervo y el corzo no se dejarán alcanzar y el jabalí si se planta rápidamente es acometido por el jagd, demostrando un coraje y una valentía que con frecuencia se califica de temeraria. Y lo es, como es también el momento más difícil de la caza, momento en el que el perro puede ser alcanzado y acuchillado por las afiladísimas navajas del gran jabalí. Yo, como la mayoría de los cazadores de jabalí, he perdido algún jagdterrier herido de muerte por el gocho montés; y ello a pesar de que dado su pequeño tamaño y su gran soltura se libra bastante bien de los derrotes y embestidas de la bestia negra, aunque esté haciendo presa firme y rabiosa en sus orejas.
A medida que le coge gusto al
rastro y entiende lo que se espera de él, se va volviendo más persistente y
tenaz, siguiendo los rastros a mayor distancia. También es posible
especializarlo hacia una única caza, por ejemplo jabalí y si solo trabaja esa
especie llegará, muy probablemente, a despreciar o ignorar a las demás,
especialización ésta que es muy buscada por algunos cazadores.
La raza da muchos ejemplares punteros. Complementa y se complementa muy bien con sabuesos y grifones a los que además de apoyar en el rastro y búsqueda de la pieza de caza, les soluciona los plantes y paradas de los jabalís, acosándolos con dureza y si llega el caso entrando al ataque hasta que son obligados a huir o llega el cazador a rematar el lance, o también –como ya dije- a recoger el perro herido y moribundo para luego llorarlo en la espesura del monte. Ese riesgo es cierto, pero también es cierto que el mayor riesgo lo afrontan los perros buenos y punteros; a los mediocres difícilmente los acuchillará un jabalí.
Los dos últimos jagdterrier que importé de Alemania pertenecen a un criador que suelta en las batidas de jabalí sus nueve jagdterrier adultos. Resulta todo un espectáculo observar el trabajo y las evoluciones de una docena de jagdterrier cazando entre la espesura del bosque y escrutando el terreno con agilidad, rigurosidad y pasión, avanzando con velocidad pero sin dejar la caza atrás.
Es una actividad en la que destaca sobremanera el jagdterrier. Por eso a veces pienso en el despropósito que resulta la cantidad de caza que se deja perdida muerta en el monte simplemente por no tener un pequeño perro de menos de diez kilos de peso pero muy eficaz recuperador. (Que se lo pregunten a los guardas forestales alemanes). Además, la ética del cazador exige poner todos los medios para recuperar la pieza herida; lo llevan a la práctica muy bien los cazadores centroeuropeos. Cazar es más que disparar.
Seguir el rastro de sangre que deja una res herida lo suele hacer el jagdterrier de forma intuitiva y natural. De todas formas no está demás un entrenamiento previo, lo que mejorará el rendimiento (hablaremos más detalladamente en el apartado referido a la iniciación del cachorro). Para el trabajo en esta actividad se suele usar una correa o cuerda de por lo menos 6 metros de longitud y el jagdterrier debe de llevar al conductor desde el punto de disparo hasta la pieza herida o muerta tirando de la traílla en toda su longitud. Si en algún momento el perro pierde el rastro debe de dársele tiempo suficiente para corregirse él mismo. Esta práctica produce muchas satisfacciones y el momento del hallazgo de la pieza recompensa cualquier esfuerzo.
En el caso de la utilización del jagdterrier en
tareas de rastro de sangre, este rastro se puede trabajar de dos formas: con el
perro suelto o atraillado. Personalmente soy más partidario de la traílla y más
aún si el perro toma bien el rastro y lo sigue con ganas; ésta deberá ser larga,
de unos seis metros y sin nudos; las originales son de cuero y se acompañan de
un collar específicamente diseñado para estas labores, pero son caras e
igualmente nos sirve una cuerda resistente o una cinta. Estoy hablando en
términos generales. Particularizando quiero realizar una llamada de atención: Si
un jabalí se nos ha ido herido, jamás, repito, jamás se debe de soltar
libremente tras de él a un jagdterrier a no ser que tengamos la certeza que el
animal ya está muerto.
El jagd es un perro con mucho coraje; la sangre le
enciende aún mas; el jabalí herido ataca y se defiende hasta el último hálito de
vida y sus colmillos, incluso los de las hembras, son temiblemente lesivos. Con
todo esto, sin necesidad de agitar, se forma un cóctel explosivo suficiente para
entregar al verdugo –sin ninguna necesidad- la cabeza, o las tripas de nuestro
jagdterrier, que, sin duda llevará la peor parte y se expone a una muy probable
muerte. Cuestión distinta es cuando el perro anda cazando suelto y enfila el
rastro de sangre de un jabalí que se ha marchado herido. Aquí, a ser posible,
debe de atraillarse el perro, dejando reposar el rastro para que se tranquilice
la res, encame y se enfríe, ya que en caliente aguantará mucho más; luego
iniciar la tarea de búsqueda. Si por el contrario no conseguimos apresar al
perro o a los perros perseguidores, lo mejor, si se sabe, es rezar a San
Humberto (o a San Antonio) y tener suerte.
PISTEO DEL RASTRO DE SANGRE: A pesar de la creencia generalizada, desconfiaremos a priori de un rastro con abundante sangre pues esta abundancia es producida por heridas musculares que, aunque muy aparatosas, no vienen a producir una herida mortal, no cobrándose generalmente el animal herido. Este tipo de heridas suele darse con más frecuencia en el jabalí que en otras especies. Cuando una res va herida "en serio y en forma", va rompiendo mucho monte, su andar sigiloso se vuelve escandaloso, suele caerse con frecuencia y deja una huella de pezuña más abierta y profunda que la que produce normalmente. La altura de las manchas que van quedando en la vegetación son una buena señal para saber la naturaleza de la herida: cuanto más alta sea la herida, mayor probabilidad de cobrarla, por ser esta de mayor gravedad. Hay veces en que la res no da sangre o se pierde el rastro. En ningún caso conviene desesperarse y abandonar el pisteo si estamos seguros de haberla alcanzado con el disparo: que el jagdterrier demuestre lo que vale.
Las gotas de sangre de color rojo claro denotan una procedencia arterial y aunque solo se presenten en pequeñas cantidades -algunas gotas-, la herida es mortal, cobrándose o encontrándose el animal, generalmente, a pocos metros del lugar del impacto. Las gotas de sangre de color rojo oscuro suelen proceder de herida muscular, en la mayoría de los casos no mortal. Si es de color rosada y espumosa es señal inequívoca de un impacto en los pulmones, siendo frecuente encontrar también restos de diversos órganos. Si mezclado con los restos de sangre encontramos saliva -sin espuma- y ésta aparece a lo largo de la pista en forma de hilo de sedal, es señal de tiro en la mandíbula. Si la sangre apareciera en forma de "chorros iguales" y a intervalos regulares, la herida está localizada en la zona del pecho, siendo expulsada la sangre con cada expiración. Si en la pista de la res aparece un rastro de sangre a ambos lados de su huella, nos indica que esta ha sido traspasada de lado a lado por la bala. No es buena señal ya que tiende a dar a entender que la bala era demasiado dura, no expandiendo debidamente, produciendo una herida que de no interesar algún órgano vital (corazón, pulmón, hígado) provocará la muerte de la res desangrada a mucha distancia del disparo al igual que el tiro en la tripa, que tampoco para al animal, y que si no llega a ser cobrado antes, le causará la muerte después de muchas horas de inútil y lejano sufrimiento. Por el contrario, si aparece en forma de grandes goterones entre las patas o en las mismas huellas, indica que la bala ha hecho blanco en las extremidades (normalmente en las anteriores; si en la pista encontramos rasponazos de pezuñas, es señal de que va herida en el tercio posterior. Este tipo de heridas complican mucho el cobro.
Hay que hacer mención al hecho de que la coloración de la sangre varía y es más difícil de identificar según el tiempo transcurrido (a más tiempo se vuelve más oscura); según la temperatura atmosférica (si hace calor se torna oscura y se seca rápidamente); si la temperatura es suave, la sangre se mantiene fresca con su color natural y parece más reciente. La lluvia también diluye y aclara el color, aparentando igualmente ser más reciente.
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En Alemania, el Deutscher Jagdterrier Club realiza al jagdterrier diversas pruebas de rastro, algunas de las cuales son obligatorias para la declaración del perro como apto para la cría. Tienden a medir la afición, voluntad para seguir los rastros y las piezas de caza, la potencia olfativa-nariz, seguridad sobre el rastro, el latido o voz y la ausencia de miedo a los tiros, entre otras aptitudes altamente deseables en un perro de rastro. Trabajando sobre el rastro, un jagdterrier puede obtener distintas siglas de rendimiento, que pasan a su pedigrí, y entre las que destacan: "S", sigla de rendimiento en el marco de una batida de jabalíes. Para su obtención es preciso que el perro busque y encuentre el jabalí de forma autónoma e independiente, debiendo acosar al animal, ladrando fuerte y procurar moverlo hacia el tirador, o "parar" y retener al animal hasta la llegada del cazador. Si estas acciones se realizan, además, con dureza se hace constar junto a la sigla: "S/". Otra, conducido con éxito por un rastro natural de sangre ":". En esta tarea de rastro de sangre, el rastreo debe de ser de unos 500 metros, siendo necesarios diferentes trabajos, dependiendo de la longitud de la pista del animal herido y de las diferentes dificultades. En todo caso es necesario capturar o encontrar al animal. Y otras, "SW", examinado con éxito en rastro de sangre de 20 horas de antigüedad. Y "SW/", examinado con éxito en rastro de sangre con 40 horas de antigüedad.
El jagdterrier es un perro sometido desde sus inicios a una rigurosísima selección encaminada a obtener ejemplares muy funcionales y muy polivalentes. Junto con esa selección rigurosa se buscó no solo la obtención de perros con superiores aptitudes para la caza, sino también que fuera útiles y rindieran en distintas y variadas modalidades de la actividad cinegética: Para la caza bajo tierra. Para zarcear y como cazador de rastro con voz. Para el trabajo de sangre de piezas de caza heridas. Para la caza en el agua. Y para buscar y recuperar caza perdida. (Esas son las principales aptitudes, que no las únicas).
Con la pretensión de mantener y potenciar esas aptitudes y que no decaigan sus cualidades, el Club Alemán del Jagdterrier organiza la Prueba de Cría (ZP), cuya superación es obligatoria para que un jagdterrier sea declarado apto para la cría. Esta Prueba de Cría engloba la calificación de la aptitud para madriguera, la prueba de las predisposiciones en el campo y en el agua, la comprobación de la conducción, la firmeza ante la detonación y la valoración de la forma y del pelo así como la valoración del carácter.
Hemos hablado anteriormente del jagdterrier como cazador de madriguera y de rastro, incluso de rastro de sangre. También es utilizado con éxito en otras labores como: Cobrador de piezas de pelo y pluma y cobrador en el agua.
Cobrador: Para que el perro cobre a la orden, ya sean liebres o conejos, o perdices, codornices, faisanes o patos dentro del agua, se requiere un mínimo pero meticuloso adiestramiento. La técnica es la misma que para cualquier perro de muestra y se suele utilizar también el rodillo para lanzar y traer "aport-trae"; se le enseña a caminar al lado "junto"; a responder y acudir a lar orden "ven-aquí"; a sentarse "sentado-sit"; a echarse "tierra". Estas normas de obediencia cumplen una doble función; por un lado son muy útiles para la caza y por otro ayudan a controlar y manejar mucho mejor al perro. El jagdterrier es un perro muy impulsivo y temperamental al que con frecuencia es necesario frenar. Tarea difícil, poco menos que imposible, si el perro no tiene inculcadas las normas básicas de obediencia: Por ejemplo, acudir a la orden -dejando cualquier cosa que esté haciendo, incluso correr a una gallina despavorida- etc.; como dice el estándar, necesita mucho que se le eduque y se le entrene en el terreno. Disciplina, ante todo y sobre todo. Por lo que respecta a la caza y cobro en el agua, infrautilizado en España, la cría alemana le da tanta importancia al comportamiento, alegría y placer por el agua que incluso figura en el pedigrí del perro la nota obtenida en tal especialidad.
Guarda y defensa: La raza no ha sido desarrollada pensando en estas utilidades. Sin embargo el perro distingue perfectamente entre propios y extraños, extraños a los que ladra (no muerde, ojo) de forma muy ostensible y agitada. Es más, con toda razón se puede afirmar que algunos jagdterrier son ejemplares de un solo amo. Tengo alguno que a pesar de llevar años en casa, solo me reconoce a mí, ladrando y tratando como extraños a los demás miembros de mi familia; y por más que lo he intentado, no consigo que los acepten y los reconozcan como integrantes de la casa, a pesar de verlos a diario. Sin embargo, con las personas son encantadores y adoran a los niños, aguantando estoicamente sus perrerías (las de los niños).
© José Luis González Liébana - 2002