E L E C C I Ó N e I N I C I A C I Ó N
El jagdterrier tiene un carácter típico que se
encuentra en la mayoría de los ejemplares de la raza. Pero eso no quiere decir
que todos sean uniformemente iguales. Existen diferencias: mayor o menor tamaño,
mayor o menor dureza, mordiente, agresividad,
bravura,
mansedumbre, valentía, coraje, constancia, tenacidad, voz, pelaje, aptitud para
rastro, aptitud para madriguera, polivalencia, gusto por el agua, inteligencia,
olfato, terquedad, manejabilidad, sociabilidad, resistencia, rudeza, equilibrio,
intuición...
Después de haber criado unos cientos de cachorros y de haber visto no pocos adultos, he de decir que tengo en la cabeza, creo que muy claro, cuál sería el jagdterrier ideal. Aproximadamente: Un ejemplar con aptitudes sobresalientes: excelente y equilibrado carácter, excelente pasión y aptitud para la caza sobre y bajo tierra, dureza justa, constancia suficiente, mucha inteligencia, buena morfología, tamaño medio y a ser posible de pelo duro con barba.
Pero ¿ese perro existe? Quizá no; quizá sea solo la idealización de un desideratum. Quizá para obtener un ejemplar con todas esas características juntas hubiera que recurrir a la composición y diseño artificial con retazos de aquí y de allá. Probablemente, eso sí, determinados jagdterrier se aproximen bastante al perro que he concebido. Aunque la polivalencia complica sobremanera esa aproximación a la perfección. La duda que se plantea es si hay que pedirle a un excelente perro de madriguera que sea también un excelente perro de rastro; o es suficiente con que destaque en una de las dos modalidades de caza. Difícil pregunta y difícil respuesta. Según el estándar de la raza "el jagdterrier o terrier alemán de caza es un perro de caza que sirve para la caza bajo tierra y sobre tierra, la persecución con ladrido, la busca en tierra (busca en el monte, busca en zarzales) y en el agua, el rastreo de la sangre y el cobro de la caza menor".
Por lo tanto, deberíamos de concluir que idealmente un jagdterrier debe de ser completo conforme al estándar de su raza y destacar en todos los trabajos y cazas que razonablemente se le pueden encomendar. Pero luego, en la práctica, resulta que muchas veces unos sujetos están mejor dotados o tienen más potencialidad y facultades para una u otra dedicación o tienen más querencia, o se acoplan mejor, o que determinados rasgos de su carácter los hacen más aptos para el rastro, o para la madriguera, etc.
Sería criar contra estándar el crear líneas aptas solo para cazar la madriguera o líneas solo para rastrear y zarcear (lo mismo que criar por encima de los 40 cm. o por debajo de los 33 cm.). Partiendo de la premisa del mantenimiento de la polivalencia creo que las cualidades que no deben de dejar de faltar, todas juntas, en un jagdterrier son: dureza y bravura suficiente, constancia, pasión, inteligencia, nariz, voz, sin miedo a los tiros y talla mediana (para ser un buen perro de madriguera) y dureza media, constancia, pasión, inteligencia, nariz y voz sin miedo a los tiros (para ser un buen perro cazador de rastro). ¿Hay alguna diferencia entre las cualidades en uno y otro sentido?. Pues sí: Para la aptitud madriguera he señalado que se necesita “dureza suficiente” y para la aptitud rastro he indicado “dureza media”. Intentaré explicarlo. La dureza –coraje, bravura, mordiente, agresividad- es imprescindible para enfrentarse al depredador en la caza bajo tierra y aquí el límite por arriba se puede dejar alto, incluso algunos cazadores de madriguera lo buscan muy alto. Sin embargo en la caza de rastro, tarea de sabueso, la dureza –coraje, agresividad, mordiente- no debe de estar muy desarrollada. De lo contrario nos podemos encontrar con un ejemplar muy agresivo con los demás perros, pendenciero y promotor de peleas de mucha violencia, imposible de cohesionar con el resto de la jauría y por todo lo anterior intratable, viéndonos obligados a prescindir de él para la caza en equipo.
Por lo que respecta a la talla, he indicado mediana, entendiendo el término referido a las prescripciones del estándar de entre 33 y 40 centímetros.
Para la caza de rastro da igual, incluso se pueden buscar perros altos, corpulentos y con perímetros torácicos muy amplios. Pero para cazar el zorro en España, que es, -en general- más pequeño que el centroeuropeo, con las hembras no suele haber problemas. Y la talla ideal de los machos se tiende a considerar no mayor de los 38 cm.
Solución para la cría:
1.- La dureza media: Este grado de dureza es suficiente para cazar en madriguera, pues tampoco hacen falta superbombas; y es también suficiente para cazar el rastro sin mayores problemas con los demás perros, con un mínimo de adiestramiento. Tampoco nos debemos de pasar por abajo, rebajando mucho o anulando la dureza, y ello, por dos razones. Porque sin dureza o con muy poca, resultarían una nulidad para la caza bajo tierra y porque rebajando mucho la dureza y el mordiente se destruyen también parte de las aptitudes que son necesarias en un buen perro rastreador. Criando jagdterrier con las características indicadas estaremos creando unos perros aptos para las distintas modalidades de caza para las que son útiles, independientemente de que, en la práctica final, unos vayan a terminar dedicados sólo a madriguera o sólo a rastro; pero mantendrán la polivalencia potencial.
2.- La talla media "ideal" para España: Entre 33 y 38 centímetros (aproximadamente). Con ello no se tendrán problemas de tamaño por los pasadizos de las madriguera y para el monte también es suficiente altura.
Durante los ya bastantes años que llevo con la crianza del jagdterrier, he descartado para la cría 4 machos de mi entorno: Dos excelentes perros pero con exceso de dureza que los convertía casi en intratables y -como mínimo- no aptos para la caza de rastro con otros perros. Otro, por falta de dureza, bravura y coraje, bueno como sabueso pero una nulidad en la madriguera. Y el otro, extraordinario en todos los órdenes pero con un “pero”: muy pasado de talla, inadecuado para la madriguera.
Lo que voy a escribir aquí es exclusivamente mi opinión, fruto de mi experiencia y de mi intuición, pero sabiendo que cada maestrillo tiene su librillo ( y su intuición).
Dedico muchas horas a la observación minuciosa de
los cachorros de mis camadas ya desde el nacimiento mismo, dando por supuesto
que conozco el carácter y rendimiento de sus padres, los pedigríes de sus
antepasados y en el caso de cachorros hijos de padres importados de Alemania
realizo un seguimiento del rendimiento en las pruebas de cría y demás de trabajo
de sus progenitores y ancestros hasta varias generaciones atrás, así como del
rendimiento de trabajo y morfológico de sus hermanos y medio hermanos (buenas
notas de los hermanos en pruebas de trabajo me alegran; de igual manera, un
defecto morfológico detectado en alguno de ellos me hace ponerme en guardia e
incluso replantear la continuidad o no con esa línea, según la gravedad de la
tara –no es lo mismo una hernia umbilical que una hernia inguinal, una luxación del cristalino o una
mordida en cruz-, defectos que sin duda estarán agazapados en el genotipo).
Memorizo o tomo nota de algunos detalles a los que les concedo relevancia
(algunos de estos detalles pueden ser importantes por sí solos aunque
generalmente es la acumulación de varios lo más significativo): Me fijo en el
primer cachorro que se lanza fuera de la paridera y en el último; en el
comportamiento entre hermanos para identificar al líder, o al más líder, a los
equilibrados, inteligentes, alegres, joviales, juguetones, dominantes, sociables,
inquietos, activos e independientes; o a los agresivos, pendencieros, tímidos,
cobardes, asustadizos, apáticos, débiles, sumisos, tarados o malformes.
A los que mejor se comportan ante una piel de zorro, liebre o jabalí y a los que
tienen tendencia a husmearlo todo reconociendo sin miedo primero el parque de
cría y luego el jardín o un terreno desconocido. Y me fijo en su capacidad de
sufrimiento, importantísima en un perro con las funciones de un jagdterrier,
tomando buena nota de sus reacciones en el momento de tatuarlos en la oreja.
Mientras que algunos lo soportan estoicamente sin pestañear ni inmutarse, hay
otros que se quejan amargamente, denotando no solo flojedad, sino también miedo,
temor, inseguridad y timidez. El tatuaje en sí no es mayormente doloroso. Se
ejecuta, generalmente sobre el cartílago de la oreja por su cara interna, zona
poco sensible, con unas pinzas especiales que incorporan letras y números
terminados en punta afiladísima, y equivale a varios micro pinchazos.
Este análisis del comportamiento del perro debe de completarse observando también su reacción
cuando es agarrado por la oreja y suspendido brevemente en el aire. Lo que haga
nos complementará la idea que tenemos de su capacidad de sufrimiento y aguante
ante el dolor, importante por sí solo y porque, como ya dije, suele ir unido a
otros defectos o virtudes del carácter, timidez o valentía, por ejemplo.
A partir de los dos meses ya se puede empezar a apreciar una buena parte de estas características –positivas y negativas-, e incluso alguna de ellas con menos edad. Los mejores cachorros serán, lógicamente, aquellos que reúnan el máximo de las cualidades positivas, mas un mordiente y dureza moderada pero suficiente (no excesiva), sin llegar a ser pendencieros y peleones, un notable equilibrio y a ser posible una talla no grande. Entre similares, me quedo con el más pequeño. Sin embargo no es conveniente dejarse llevar por aspectos intrascendentes de la apariencia morfológica (fenotipo). Tal es el caso de las muchas elecciones de cachorros que he visto hacer simplemente porque tenían el pelo un poco más duro o el fogueado más o menos intenso o la mancha blanca en el esternón, que -por cierto- está perfectamente admitida en el estándar del jagdterrier. Y mi experiencia como criador me aconseja ser cauto y precavido -como dicen que son los gallegos-. No intentar convencer al que viene a buscar un perro a mi casa y que ya ha elegido a aquel que tiene más barba que un rabino, de que hay otros cachorros que le irían mejor para su modalidad de caza, para su tierra, por su edad, o simplemente porque creo que tienen más y mejores aptitudes. -!No, me quedo con éste!, -te replican con contundencia. Pues vale, José Luis, a callar.
Hay opiniones diversas respecto a los test que dicen medir el temperamento y las aptitudes naturales de los cachorros. Por el predicamento que ha tenido, y en algunos casos sigue teniendo entre criadores y adiestradores (escaso entre cazadores), destaca el llamado TEST DE CAMPBELL, que dice resolver tras su realización nada menos que la suprema duda de: qué cachorro elegir, cuál tiene el mejor carácter, cuál es el más dócil y el más agresivo..., tras su correcta realización y el cumplimiento de algunas condiciones: como que el cachorro tenga siete semanas de edad; que se lleve solo, por separado, a un sitio desconocido para él, que se le dispense un trato suave y neutral y que el evaluador esté solo y no resulte conocido para el perro. Enfín, expertos criadores lo practican y expertos criadores reniegan de él porque dicen que cuando lo han realizado en días diferentes con el mismo cachorro, su comportamiento también ha sido diferente al obtenido con anterioridad.
Tenemos también las experiencias particulares y los truquillos de cazador, algunos muy arraigados y con bastante fundamente, muy intuitivos. Por ejemplo:
J. M.TABOADA, experto cazador y cinófilo, dice efectuar una prueba de rastro consistente en atar un
trozo de carne a un hilo y hacer un pequeño rastro en una zona fresca, de
hierba, acercando los cachorros y observando su comportamiento: siempre hay
alguno que comienza a seguir el rastro y otros que no le hacen caso.
SANZ TIMÓN, -veterinario y afamado criador-, ante el lote de cachorros de una
camada y ante el momento de la elección final para la selección de los mejores,
manifiesta su indiferencia ante el test de Campbell y por contra preconiza un
método basado en sus conocimientos y experiencia:
"PRUEBA DE OLFATO: a) antes de abrir los ojos, con seis u ocho días, se separan los cachorros de la madre colocándolos enfrente de ella y de la persona que nos ayude que la mantiene echada. Los cachorros deben de estar en dirección opuesta a donde está la madre y separados de ella al menos veinticinco centímetros. Se aprietan los pezones del perra para sacar un poco de leche de sus mamas, en dos o tres de ellas y se espera. Los cachorros que antes se giran y se orientan hacia la madre son los más sobresalientes. b) La segunda parte se completa sobre la observación sobre la comida y se realiza cuando todos los cachorros están dormidos, al mes o mes y medio de edad: aprovechando su quietud y su sueño nos acercamos en silencio con un plato de comida que se pasa con sigilo por encima de ellos. (Es imprescindible que todos duerman). Con una mano se airea la comida hacia ellos para que les llegue el olor, esperando a que alguno despierte, o a que -incluso dormido- alguno busque con la nariz la fuente de emanación de los efluvios de la comida.. Esta prueba se debe de realizar al menos dos o tres veces y bien realizada, combinada con la primera, es de fiabilidad muy alta.
PRUEBA DE CARÁCTER: También es combinada con varias observaciones; la primera de ellas debe de realizarse hacia los dos meses: a) Se observa el comportamiento de los perros en la camada, interesando, sobre todo, los perros líderes, pero que mantengan un equilibrio con los demás. No se refiere a esos que que gruñen y muerden a sus hermanos mientras comen juntos, sino a ese otro que se acerca a un comedero sin miedo y sin responder a la agresión y mientras que le gruñen come ignorando al gruñón. Su comportamiento demuestra: valor, temperamento y equilibrio, tres puntos fundamentales en el carácter de un perro.
b) En libertad, en un recinto abierto y siendo la primera vez que salen a él, se presta especial atención a aquellos que se alejan del conductor con independencia y autonomía, recorriendo, husmeando e inspeccionando el territorio con decisión, interés e inquietud, demostrando tener iniciativa, aunque deberían de acudir a la llamada al ser requeridos. En este caso hay que identificar a los que se orinan cuando van llegando al guía. Si es por sumisión, es un buen síntoma. Pero si es por miedo y el carácter de ese animal es tímido, cobarde, asustadizo, tembloroso o miedoso a la mano, esquivo y temeroso, hay que tener cien ojos con él; y si llega el caso "eliminarlo", pues estamos ante graves defectos y taras del carácter, generalmente insuperables y altamente hereditables.
TRUCO: Diferenciar a un cachorro jagdterrier con escasos días -incluso meses-, de sus hermanos, es tarea poco menos que imposible. Me estoy refiriendo a camadas numerosas porque si sólo tenemos un macho y una hembra, la cuestión es indubitada. En esa fase de edad, hasta que aparecen claras diferencias morfológicas (entre los dos y los tres meses) o hasta que realizo los tatuajes de oreja, me sirvo de un truco sencillo para distinguir a un cachorro que me interese observar especialmente, generalmente porque le haya visto apuntar detalles sobresalientes: lo que intento determinar es si a una buena actuación le siguen otras en días sucesivos o si, por el contrario, sonó la flauta por casualidad. Y para ello utilizo esmalte de uñas, que, como se sabe lo hay de distintos colores, rojo, verde..., con el que tinto las uñas del cachorro o cachorros objeto de observación y de esta forma lo reconozco durante varios días.
No voy a negar que me gustan los perros precoces y que siento especial inclinación hacia ellos. Sí, ya sé de algunos perros tardo cazadores que luego resultaron buenísimos. Son los menos, la verdad, y teniendo en cuenta que la vida de nuestros auxiliares de caza es muy corta y de que la precocidad suele ir unida a la posesión de otras facultades y potencialidades en grado superior -afición, inteligencia, viveza, pasión, intuición, iniciativa...- pues me quedo con ellos, sin el menor atisbo de duda.
La iniciación del cachorro jagdterrier para el rastro se puede y se debe de empezar desde muy temprana edad. Incluso ya a los dos meses yo empiezo a trabajarlos con pieles de diferentes especies: zorro, jabalí y liebre preferentemente. Así compruebo cómo se comportan los diferentes hermanos de una camada, su afición y mordiente, su inclinación y su precocidad: mientras unos pasan olímpicamente del pequeño rastro o de la mordida, otros se agarran con furia y pasión. Si se tiene decidido dedicar al perro a una única especialidad cinegética, sólo zorro o sólo jabalí o conejo, es preferible introducir solo la piel de esa especie, aunque, al menos de cachorros, tampoco eso me parece tan trascendente como algunos afirman. Yo he visto a reputados cazadores alemanes encarnizar una camada dejándoles descuartizar una liebre muerta, pero entera, independientemente del destino y dedicación final de los cachorros. Y de la observación de su comportamiento pueden sacarse rigurosas conclusiones tanto para la caza de rastro como para la de madriguera.
Siguiendo con el rastro, el cachorro debe de campear con la mayor libertad posible. Estar en contacto con la naturaleza. Correr, oler, husmear, buscar y a la edad de 5/6 meses ya puede iniciarse siguiendo rastros de piezas de caza salvaje que debería de querer y demostrar interés. Y a partir de ahí, cada vez más campeo, espesura y monte, pienso que en solitario. La iniciación a patrón y a la sombra de perros veteranos nunca la he considerado apropiada. Me gusta ver mis cachorros desenvolverse solos en el monte y si tienen cualidades lo harán perfectamente, cada vez mejor, y sin problemas. Que busquen y que levanten. Que se corrijan solos sus pérdidas del rastro; los entresijos, por ejemplo el doble rastro de la liebre; que se enfrenten a las argucias del corzo o del zorro cuando campea al aire libre o los quiebros del conejo entre los pinchos de la maleza. Que aprendan a regresar solos. Que maduren: El rendimiento óptimo llegará a partir del año y medio o los dos años de edad.
Después, mucho depende ya del guía o propietario del perro. Me ha sucedido varias veces: Decirme que perros no cazan o cazan insuficientemente y simplemente con cambiarlos de dueño empiezan a funcionar correctamente: Saber enseñar obediencia (acudir a la llamada -imprescindible- y no está de más el "sentado, y echado", incluso el caminar "junto"), es muy importante, pero sin castigos físicos desproporcionados y fuera de lugar (por ejemplo: el pegar o castigar a un perro cuando regresa junto al guía porque considera que se ha alejado demasiado o que ha tardado mucho en volver, o porque no responde a la llamada sin estar convenientemente educado). En España, en general, no se adiestra o no se sabe adiestrar al jagdterrier con el resultado de que, a veces, nos sobrepasa con su carácter fuertemente impulsivo, impetuoso, expansivo y temperamental.
Ya he manifestado que el jagdterrier es un útil y eficaz recuperador de piezas de caza que han huido heridas, para luego, muy probablemente, morirse en el interior de la espesura del monte. Para tal cometido se sirve de su olfato, siguiendo la pista de la res y el rastro de sangre que queda tras de sí. Esta querencia hacia el rastro de sangre y el trabajo sobre el mismo es realizado por el perro de forma muy intuitiva. Sin embargo no está demás un cierto entrenamiento previo con el que, generalmente, ganaremos en seguridad y efectividad. Este entrenamiento puede iniciarse a temprana edad (5/6 meses), observando al perro, viendo como reacciona y si toma y mantiene el rastro, tendiendo a que vaya ganando seguridad y efectividad sobre el mismo. Para ello, lo mejor es empezar con trazados sencillos para luego irlos haciendo más complicados y complejos, muy similares a los que se va a encontrar en la caza. La meta es llegar a seguir rastros del día anterior, de 1.000 a 1.200 metros, con un máximo de un cuarto (1/4) de litro de sangre y con al menos tres lazos en ángulo recto sobre terreno con abundante caza mayor. Pero vayamos por partes:
Colocación del rastro: Para empezar haremos rastros de unos pocos metros (50/100 pueden ser suficientes), con trazado en línea recta y con poca pausa desde la realización (una media hora). El rastro de sangre debe de estamparse o gotearlo. Para estamparlo nos serviremos de un tampón colocando una esponja o similar atada al final de un palo. Con él iremos impregnado el terreno de sangre cada cierto trecho, al inicio de las sesiones será más abundante, luego mas escasa. Para gotearlo sirve un tarro de cristal a cuya tapa le practicaremos dos pequeños agujeros para que suelte una gota de sangre a cada sacudida nuestra. Al final del rastro deberá de colocarse una piel de animal de caza o, mejor aún, una piel rellena y cosida, más parecida al animal real. Refiero aquí un truco que aprendí de un prestigioso cazador y criador alemán: En el rastro además de las gotas de sangre, se añaden cada cierto trecho pequeños trozos de carne fresca, dejando siempre los últimos trozos para colocarlos sobre la piel del final. Así el aprendizaje resulta más rápido. Si el perro pierde el rastro debería de corregirse él solo o con poca ayuda. Pérdidas continuas pueden indicar escasez de olfato. En cualquier caso, paciencia, que las prisas no son buenas. Y a medida que vaya avanzando y evolucionando iremos haciendo más largo el recorrido, con introducción primero de curvas en el trazado y más tarde de ángulos rectos, así como dejando transcurrir más horas desde la realización del rastro hasta su seguimiento. Se debe de cambiar de lugar, dirección y circunstancias. No es lo mismo por la mañana que por la tarde, con humedad o con calor.
Sangre: A ser posible, siempre debemos de utilizar sangre de pieza de caza mayor, sin aditivos químicos a excepción de la sal. Puede servirnos sangre de pieza de caza congelada a las 12 horas de su obtención. Se le suele añadir una cierta cantidad de sal para evitar su coagulación.
Resumen: Si hemos hecho bien el adiestramiento y si el perro tiene las aptitudes que se esperan de un jagdterrier, debería de llegar a seguir con seguridad rastros trazados el día anterior con una máximo de 1/4 litro de sangre, de alrededor de 1.000 metros de longitud, con al menos tres lazos en ángulo recto y entrecruzados por otros rastros de piezas de caza mayor. El Reglamento de Trabajo del Jagdterrier Club Alemán establece las siglas de rendimiento que se pueden obtener con el rastro de sangre: Conducido con éxito por un rastro natural de sangre ":"; examinado con éxito en rastro de sangre de 20 horas de antigüedad "SW"; y examinado con éxito en rastro de 40 horas de antigüedad "SW/".
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Por lo que se refiere a la madriguera, la cuestión es más dubitada. Cuál son los cachorros más apropiados, tamaños, líneas de sangre, dureza...
Cualquier jagdterrier debe, en principio, ser apto para la caza en madriguera. En esta misma Web me he referido a las aptitudes que valoro especialmente para la caza bajo tierra. Pero esa es una caza extraordinariamente dura y difícil, incluso lesiva. Por eso no debe de procurarse el encuentro de nuestro perro con el depredador, al menos hasta que el jagd se haya desarrollado completamente, tanto física como psíquicamente. Esto quiere decir -para mí-, alrededor del año de edad. Antes están las pieles para encarnizar e incluso las madrigueras artificiales sin contacto físico. Yo me sirvo de pequeñas madrigueras artificiales para observar a los cachorros y sus inclinaciones y para intentar identificar a los más terrieristas. En España deben de construirse muchas más madrigueras artificiales, no solo para organizar competiciones entre aficionados, sino también para iniciar y entrenar a nuestros perros, función para la cumplen perfectamente su cometido y utilidad.
Y repito lo ya dicho: En mi opinión, la cría responsable del jagdterrier debe de tender a la obtención de ejemplares polivalentes y multifuncionales, conforme al estándar de la raza.
© José Luis González Liébana - 2002